ESCUELA, FAMILIA, SONORIDAD: UN ABORDAJE PEDAGÓGICO PARA PENSAR LA VIOLENCIA DESDE LOS VÍNCULOS
Ivana Goggia
DNI 25141029
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La violencia en contextos escolares es una problemática compleja que afecta a miles de estudiantes en todo el mundo. Más allá de los hechos puntuales, se trata de un fenómeno que se inscribe en tramas vinculares, culturales y sociales. Este artículo propone pensar la violencia desde una perspectiva pedagógica que articule la escuela y la familia como espacios resonantes, donde la sonoridad —entendida como la capacidad de escuchar, dialogar y construir vínculos— se convierte en una herramienta transformadora.
La violencia como fenómeno vincular.
La violencia escolar no puede ser reducida a actos individuales ni a conductas disruptivas aisladas. Se manifiesta en múltiples formas: verbal, física, simbólica, institucional. En muchos casos, es expresión de malestares profundos que atraviesan a niños, niñas y adolescentes, y que encuentran en la escuela un escenario donde se hacen visibles, en el día a día.
Desde una mirada pedagógica, es necesario comprender que la violencia se construye en los vínculos, y que por lo tanto, también puede ser transformada desde ellos. La escuela tiene el potencial de habilitar espacios de palabra, de escucha activa y de reconocimiento mutuo.
Podemos definir la violencia en las escuelas como un fenómeno complejo que representa un desafío significativo para la educación. Las formas de violencia no se limitan a agresiones físicas, sino que incluyen violencia psicológica, verbal y social, con efectos devastadores tanto en las víctimas como en los agresores. Este tipo de violencia interfiere en el bienestar de los estudiantes, impacta en su rendimiento académico, su autoestima, sus relaciones interpersonales y su desarrollo integral.
La violencia escolar se presenta en diversas formas: acoso o bullying (verbal, físico o cibernético), violencia entre grupos, abuso de poder por parte de docentes, y violencia institucionalizada, donde normas o procedimientos fomentan la discriminación o el trato desigual. Estas conductas generan un ambiente de miedo y ansiedad que afecta a toda la comunidad educativa.
Diversos estudios han demostrado que los efectos de la violencia escolar son profundos y duraderos. Las víctimas experimentan altos niveles de estrés, ansiedad, depresión y dificultades para concentrarse. Los agresores, por su parte, pueden replicar estos comportamientos en la adultez, reproduciendo patrones destructivos. El ambiente escolar, en lugar de ser un espacio de aprendizaje, se convierte en un terreno de inseguridad.
La familia como interlocutora válida.
Históricamente, la relación entre escuela y familia ha estado marcada por tensiones, expectativas y desencuentros. Sin embargo, en el contexto actual, es fundamental recuperar a la familia como interlocutora válida en la construcción de la experiencia escolar.
Esto implica generar canales de comunicación genuinos, no solo en momentos de conflicto, sino en la vida cotidiana institucional. La participación de las familias en proyectos, actividades y decisiones escolares fortalece el sentido de comunidad y permite abordar la violencia desde una perspectiva integral.
Es importante comprender que la violencia escolar tiene raíces profundas en factores dentro y fuera del entorno escolar: violencia familiar, carencias emocionales, falta de habilidades sociales, influencia de los medios y estructuras culturales que normalizan comportamientos violentos. Por lo tanto, su abordaje requiere una intervención integral y multidisciplinaria.
La sonoridad como categoría pedagógica.
El concepto de sonoridad, tomado de los feminismos latinoamericanos, se refiere a la capacidad de resonar con el otro, de habilitar la escucha y el cuidado mutuo.
Incorporar la sonoridad en las prácticas escolares implica repensar los modos de enseñar, de evaluar, de vincularse. Supone reconocer que cada voz tiene valor, que cada experiencia merece ser escuchada, y que el conflicto puede ser una oportunidad para aprender a convivir.
Políticas públicas: en el marco de las políticas públicas, la Ley N° 5738 sancionada en 2016 establece medidas específicas para la prevención, sanción y erradicación de la violencia en las instituciones educativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su objetivo es promover una convivencia pacífica y respetuosa en las escuelas, abordando integralmente los casos de violencia, acoso y maltrato.
La ley establece la creación de Protocolos de Actuación que los establecimientos deben seguir ante situaciones de violencia escolar. Estos protocolos incluyen procedimientos claros para la denuncia, intervención y acompañamiento tanto a víctimas como a agresores. También destaca la importancia de la formación continua de docentes, directivos y personal escolar en el reconocimiento y manejo adecuado de estas situaciones.
Todas las escuelas deben contar con un “Plan Integral de Prevención de la Violencia Escolar”, que incluya medidas preventivas y correctivas: actividades educativas, talleres de sensibilización, programas de resolución pacífica de conflictos y espacios seguros para la expresión estudiantil.
La ley también promueve la participación activa de los padres y la comunidad educativa, reconociendo que la violencia escolar tiene raíces en la convivencia familiar y social. Se establece la importancia de la comunicación fluida entre instituciones y familias, para construir una red de apoyo integral.
Finalmente, la ley contempla sanciones para los responsables de actos violentos, asegurando que tanto estudiantes como personal educativo comprendan que la violencia tiene consecuencias y que la escuela debe ser un espacio de respeto y convivencia democrática.
Propuestas didácticas para trabajar la violencia desde los vínculos.
Espacios de tutoría y acompañamiento emocional con participación de docentes y familias. Proyectos interdisciplinarios que aborden la violencia desde el arte, la literatura y la historia. Talleres de comunicación no violenta y resolución de conflictos. Encuentros entre familias y docentes para compartir experiencias y construir acuerdos de convivencia. Incorporación de la perspectiva de derechos en el currículo escolar. Formación docente en protocolos de actuación y prevención según la ley n.º 5738. Actividades de sensibilización sobre bullying y violencia institucional. Creación de espacios seguros para la expresión emocional de los estudiantes.
Conclusión.
Pensar la violencia desde los vínculos es una invitación a transformar la escuela en un espacio de cuidado, de escucha y de construcción colectiva.
La articulación con las familias y la incorporación de la sonoridad como práctica pedagógica permiten abordar el conflicto desde una mirada integral, que no niega el malestar, pero que apuesta por la potencia del vínculo.
Este proyecto se alinea con los principios de la Ley N° 5738 y busca apoyar a las escuelas en la implementación de medidas legislativas existentes. A través de actividades de sensibilización, talleres socioemocionales y formación docente, se pretende reducir los episodios de violencia y fortalecer la cultura de paz en las aulas.
En tiempos de fragmentación y desencuentros, recuperar la dimensión afectiva de la educación es un gesto político y pedagógico que puede marcar la diferencia.
Fuentes consultadas
Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. (2016). Ley n.º 5738: Prevención y erradicación de toda forma de acoso u hostigamiento escolar [Ley]. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. (2024). Diseño curricular para la educación inicial (Marco general) – Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
